Lavados nasales en las infecciones agudas respiratorias

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Los cuadros obstructivos nasales son una causa muy frecuente de consulta, tanto en atención primaria como para los farmacéuticos. Entre las causas más habituales se encuentran las infecciones nasosinusales, tanto agudas como crónicas. Uno de los tratamientos complementarios o sintomáticos más empleado es la irrigación o los lavados nasales con aguas marinas o suero fisiológico.

Figura 1

Soluciones para los lavados nasales (figura 1)

• Suero fisiológico. Es una solución estéril al 0,9% de cloruro sódico en agua. Entre sus usos más frecuentes están la irrigación, los lavados nasales y oculares, y la limpieza de las heridas.

• Aguas marinas. Es una solución estéril de cloruro sódico, obtenida directamente del mar mediante filtración, especialmente indicada para los lavados nasales. Por su origen, conserva minerales y oligoelementos marinos como el potasio, el calcio, el cobre, la plata, el magnesio…, que aportan beneficios sobre la mucosa nasal.
• En función de la concentración salina, se puede distinguir varios tipos:
– Agua de mar isotónica. Presenta una concentración de cloruro sódico del 0,9%, adecuada para la higiene nasal diaria y la humidificación, así como complemento al tratamiento en infecciones comunes de las vías respiratorias altas, la rinosinusitis y la rinitis alérgica.
– Agua de mar hipertónica. Tienen una concentración de cloruro sódico superior al 0,9%. La mayor concentración salina hace que aumente la acción descongestiva por un proceso natural de ósmosis.
Las soluciones de suero fisiológico se presentan en grandes envases de 0,5-1 L, del que se va extrayendo el suero con una jeringa, y más raramente en espráis nasales y en ampollas de monodosis de un solo uso, con la ventaja de que conservan individualmente la esterilidad mejor que los envases grandes, que se pueden contaminar con las sucesivas extracciones con jeringa. Las aguas de mar, en cambio, suelen presentarse en espray, lo que implica una mejor fuerza/presión regulada para su administración. Es aconsejable utilizar espráis cuya fuerza no sea excesiva, evitando así posibles otitis por exceso de fuerza en la aplicación de la solución, ni tampoco espráis que resulten ineficaces debido a una presión demasiado suave. Lo ideal sería emplear aguas de mar que aseguren una microdifusion óptima y homogénea en la dispersión.

Epidemiología de las infecciones agudas respiratorias

El principal uso nasal de los sueros es el tratamiento de los síntomas de la infección de las vías respiratorias superiores, tanto agudas como crónicas. Las infecciones agudas de las vías respiratorias superiores pueden causar síntomas durante un periodo de hasta 4 semanas. Dentro de estas infecciones se incluyen los resfriados, la gripe y las infecciones de la garganta, la nariz o los senos paranasales. Si la clínica persiste más de 12 semanas, se considera que se trata una rinosinusitis crónica1.

El tratamiento más habitual está dirigido a paliar los síntomas con medicamentos antiinflamatorios, analgésicos, expectorantes y descongestionantes locales2. Otro tratamiento muy útil para tratar los síntomas de las infecciones de las vías respiratorias son los atomizadores nasales o la irrigación nasal con solución salina. La mayoría de las infecciones de las vías respiratorias superiores están causadas por virus, por lo que la prescripción de antibióticos se reserva para los casos en que los síntomas no remiten o aparece una rinorrea purulenta.

Fisiopatología

La nariz está formada básicamente por unas estructuras a modo de 2 tubos separados por una pared cartilaginosa, el tabique o septum nasal, que conforman 2 vías de comunicación entre el exterior y la faringe, y reciben el nombre de fosas nasales.
A las fosas nasales se abre una serie de cavidades denominadas senos paranasales (maxilares, frontales, etmoidales y esfenoidales), que, entre otras funciones, ayudan al acondicionamiento del aire que entra hacia los pulmones.
La mucosa que recubre las fosas y los senos paranasales es propensa a sufrir infecciones, tanto virales como bacterianas. Actualmente todas estas estructuras se consideran un sistema único; por tanto, cuando se producen los cuadros infecciosos se habla de rinosinusitis. En función del tiempo de duración de los síntomas, se denominarán agudas o crónicas.
La inflamación de la mucosa por estas infecciones suele producir una obstrucción nasal y el cierre de los meatos o agujeros de comunicación entre los senos y las fosas nasales. Esta obstrucción dificulta la eliminación del moco que producen las glándulas nasales, y la acumulación y la sobreinfección de este moco agravan la clínica. En este caso, el principal diagnóstico es clínico, establecido a partir de los síntomas de fiebre, rinorrea (figura 2) y dolor agudo, sobre todo maxilar y frontal (figura 3).

Figura 2Figura 3

Las infecciones de las vías respiratorias superiores también pueden afectar al tejido linfoide en la nasofaringe, que recibe el nombre común de adenoides. La infección de la amígdala adenoidea, o adenoiditis, provoca un incremento de la obstrucción respiratoria nasal y de los ronquidos nocturnos, además de la obstrucción de la trompa de Eustaquio y la consecuente ocupación del oído por moco, con la posibilidad de causar otitis.

Figura 4

Evolución

La gran mayoría de los cuadros infecciosos e inflamatorios nasosinusales se resuelven con tratamiento sintomático. Pero existen algunos casos ocasionales en que aparecen complicaciones de sinusitis, algunas de ellas graves, como las meningitis o la afectación ocular.
En ocasiones la inflamación clínica se cronifica, principalmente si hay un componente alérgico o si la mucosa forma pólipos (figura 4), que pueden ocupar las fosas e incluso los senos paranasales. Esta afectación crónica se estima que afecta al 5-15% de la población3.

Tabla 1

Tratamiento farmacológico

En la gran mayoría de los cuadros infecciosos e inflamatorios nasosinusales es suficiente con realizar un tratamiento sintomático (tabla 1). En algunos casos es necesario el tratamiento antibiótico debido a la sobreinfección y el mantenimiento de la clínica, o a la aparición de complicaciones fuera de la nariz.
El uso de antiinflamatorios y descongestionantes tópicos es muy útil para disminuir la inflamación de la mucosa nasal. No obstante, los descongestionantes nasales derivados de la oximetazolina deben usarse con moderación y durante un breve periodo de tiempo, ya que producen un efecto rebote, la habituación a su empleo y, a largo plazo, lesiones en la mucosa nasal, con riesgo de ocasionar rinitis medicamentosas o incluso perforaciones del tabique septal.

Lavados nasales
Los lavados nasales con soluciones salinas son útiles en el tratamiento, ya que tienen como primer efecto el arrastre mecánico de los restos mucosos depositados en las fosas nasales, pero debemos tener especial cuidado en que este arrastre no irrite la mucosa4. Además, su aplicación en las fosas nasales humidifica las mucosas, con la consiguiente disminución de la viscosidad del moco, lo que permite su mejor movilización y eliminación, facilitando la limpieza de las fosas nasales5.
Antes que el suero fisiológico se aconseja el uso de las aguas de mar hipertónicas, que añaden además un efecto de descongestión nasal y reducción de la inflamación, ya que, al tener mayor osmolaridad, atraen los líquidos acumulados en la mucosa por la inflamación, disminuyendo su grosor.
Por su origen marino, las aguas de mar disponen en su composición de unos oligoelementos que influyen en la reparación de la mucosa, la mejora del funcionamiento de los cilios (por aumento de la frecuencia de su ondulación) y la prevención de las complicaciones6. Por ejemplo, el cobre tiene un efecto antiinflamatorio bacteriostático, el manganeso un efecto antialérgico y la plata un efecto antiséptico, por lo que resultan más beneficiosos para la mucosa nasal.
En los casos de rinosinusitis crónica pueden ser útiles los tratamientos antihistamínicos, los corticoides tópicos (u orales en casos evolucionados) y los lavados nasales diarios con agua de mar. En muchos casos de poliposis nasal es necesario realizar la exéresis quirúrgica de ese tejido. Algunos estudios demuestran que el tratamiento con soluciones marinas y/o salinas y corticoides nasales puede retrasar la necesidad de cirugía y la nueva aparición de pólipos después de ella3,7.
El uso habitual de las soluciones salinas ha demostrado ser un buen humectante que previene la sequedad de la mucosa, una de las causas que favorecen las infecciones respiratorias altas. Esta limpieza y humidificación de las vías respiratorias es importante en los adultos, pero más aún en los niños pequeños que no pueden limpiarse bien y en los que las complicaciones posteriores a las infecciones son más frecuentes8.
Las aguas marinas han demostrado que son un producto con buena tolerancia y muy seguro, ya que sus componentes son productos naturales que no provocan reacciones alérgicas y que se venden esterilizados. Por sus características de composición, pH y osmolaridad similares a la de los líquidos extracelulares, no producen reacciones adversas en la mucosa ni efecto rebote (a diferencia de los descongestionantes locales). Están indicadas para cualquier edad de la vida. Las soluciones isotónicas se pueden utilizar en bebés desde el primer día, mientras que se recomienda el uso de las hipertónicas una vez finalizado el periodo neonatal, a partir del primer mes desde el nacimiento. Tampoco existe ninguna contraindicación para las mujeres embarazadas y/o en periodo de lactancia; incluso al contrario: debe favorecerse su uso para aliviar los estados de congestión nasal frecuentes debido a la rinitis hormonal o gestacional.
Existen soluciones marinas cuya dispersión (microdifusión) del producto (frente al sistema de dispersión por chorro) facilita de forma rápida y nada agresiva la higiene nasal, tanto del adulto como del niño o el bebé.
Al analizar más profundamente la bibliografía sobre las soluciones marinas se observa que, además de aliviar los síntomas, también mejoran la calidad de vida, disminuye el uso de antibióticos, antihistamíniocos y espráis nasales, y se reducen las visitas al médico.

Bibliografía

1. Fokkens WJ, Lund VJ, Mullol J, et al. European Position Paper on Rhinosinusitis and Nasal Polyps 2012. Rhinol Suppl. 2012; 3-298.
2. Simasek M, Blandino DA. Treatment of the common cold. Am Fam Physician. 2007; 75: 515-520.
3. Melen I, Lindahl L, Andreasson L, et al. Chronic maxillary sinusitis. Definition, diagnosis and relation to dental infections and nasal polyposis. Acta Otolaryngol. 1986; 101: 320-327.
4. Kassel JC, King D, Spurling GK. Saline nasal irrigation for acute upper respiratory tract infections. Cochrane Database Syst Rev. 2010; CD006821.
5. Tomooka LT, Murphy C, Davidson TM. Clinical study and literature review of nasal irrigation. Laryngoscope. 2000; 110: 1.189-1.193.
6. Talbot AR, Herr TM, Parsons DS. Mucociliary clearance and buffered hypertonic saline solution. Laryngoscope. 1997; 107: 500-503.
7. Harvey R, Hannan SA, Badia L, et al. Nasal saline irrigations for the symptoms of chronic rhinosinusitis. Cochrane Database Syst Rev. 2007; CD006394.
8. Muntz H. Pediatric chronic rhinosinusitis. Curr Opin Otolaryngol Head Neck Surg. 2004; 12: 505-508.

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