¿Cómo afecta la microbiota intestinal a nuestra salud?

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Marcel Gili Carulla

Marcel Gili Carulla

Titular de la Oficina de Farmacia Marcel Gili Carulla

Coordinador de las oficinas de farmacia de Baix Llobregat Nord del COFB.

Miembro de la Comisión de Compromiso Social del COFB

Fecha de publicación: 21 de enero de 2022

INTRODUCCIÓN

Existen numerosos estudios que relacionan los efectos de la microbiota intestinal sobre nuestra salud. En concreto, los efectos de los metabolitos que se producen cuando dichas bacterias degradan los nutrientes como, por ejemplo, la fibra de la dieta. 

La degradación de nutrientes como la fibra

En este caso son ácidos grasos de cadena corta que mejoran la sensibilidad a la insulina, tienen actividad antiinflamatoria y disminuyen la sensación de hambre. 

En cambio, hay otros metabolitos de origen bacteriano que tienen efectos no deseables, como los aminoácidos de cadena ramificada generados por una microbiota intestinal poco diversa que promueven una cierta resistencia a la insulina.

SOBRE CATEGORÍA

Vamos a centrarnos en la interacción bidireccional entre la flora intestinal y el cerebro. La microbiota tiene un papel importante en el neurodesarrollo cerebral en edades tempranas, pre y postnatal, que puede condicionar nuestra salud en etapas posteriores. 

Diversos estudios han relacionado cambios en la composición de la microbiota intestinal con alteraciones neuroquímicas del eje gastro-cerebral. Un ejemplo serían los cambios en la percepción del dolor ligadas a la regulación que la microbiota ejerce sobre la inflamación local y sistémica. 

Las bacterias patógenas producen lipopolisacáridos inductores de la síntesis de citocinas inflamatorias. La alteración de la flora intestinal produce una estimulación excesiva del sistema inmunitario innato que deriva en inflamaciones sistémicas y/o del sistema nervioso central, siendo la causa de diversos trastornos neurodegenerativos. 

Las inflamaciones sistemáticas derivan a trastornos neurodegenerativos

También los agentes ambientales, antibióticos, neurotransmisores intestinales, citocinas, metabolitos esenciales, transmiten información al sistema nervioso central (SNC) sobre el estado intestinal. 

Todas estas interacciones bidireccionales entre microbiota y cerebro influyen en la patogénesis de trastornos que antes se consideraban exclusivamente neurodegenerativos o del ánimo: la depresión, el trastorno bipolar, el autismo, el trastorno de déficit de atención, la esquizofrenia, esclerosis múltiple y la obesidad. Actualmente se empiezan a relacionar con procesos inflamatorios producidos por bacterias o virus.

Sabemos que la dieta es uno de los principales moduladores de la composición de nuestra flora intestinal así como el estilo de vida que llevamos. Modificar el microbioma mediante la dieta y otros agentes como suplementos dietéticos a base de prebióticos y/o probióticos, podría retardar la pérdida de salud relacionada con envejecer. 

CONSEJO FARMACÉUTICO Y TRATAMIENTO

Evidencias recientes indican que un elevado estrés físico y emocional producen cambios en la flora intestinal y proponen diferentes opciones para actuar sobre el eje microbiota – intestino – cerebro (MIC) y mejorar la salud mental. 

El estrés físico produce cambios en la flora intestinal

De ahí surge el nuevo concepto de los psicobióticos, es decir, bacterias que tienen efecto beneficioso demostrado sobre este eje MIC. Son microorganismos que, en cantidades adecuadas, podrían mejorar nuestra salud mental. 

Más recientemente, la definición de psicobiótico se ha actualizado para que incluya cualquier intervención (más allá de los probióticos y les prebióticos) que mejore la salud mental a través de modificar la composición y/o las funciones de la microbiota intestinal. Y es que nuestro intestino es considerado un segundo cerebro, ya que secreta numerosos neurotransmisores, como por ejemplo la serotonina, la dopamina, etc. Contiene más neuronas que la médula espinal. 

El cerebro interfiere sobre la función de nuestro intestino, pero la microbiota tiene un papel determinante sobre el funcionamiento del SNC. 

El uso de bacterias probióticas podría no sólo mejorar los síntomas intestinales asociados a los trastornos mentales, sino también los psicológicos. 

CONCLUSIÓN

La posibilidad de modificar la microbiota intestinal para mejorar la salud mental, prevenir y tratar los trastornos psicológicos existe, pero aún queda un largo camino por recorrer antes que los prebióticos y los probióticos se puedan recomendar de manera sistemática en la práctica clínica de los trastornos mentales.

Recomendaciones desde la oficina de farmacia

Por último es importante recordar que no todos los probióticos se pueden aconsejar desde la oficina de farmacia para mejorar la salud mental, ya que los efectos beneficiosos de los probióticos son específicos de la cepa, la dosis y la duración del tratamiento.

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